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Semana 2 - concentración de becarios en Indiana y Chicago

El domingo día 9, lamentando mucho dejar nuestras gestiones neoyorkinas a medias, partimos para el bonito estado de Indiana, donde La Caixa nos había dado cita para reunirnos con el resto de becarios.

Julia iba en calidad de consorte y se encontró allí con otras dos congéneres (sólo dos), y también con algunas becarias que hubieran querido que sus consortes las hubieran acompañado, pero que no habían tenido tanta suerte como Pablo. “Las mujeres somos más valientes”, le dijo una de ellas. Y los hombres están menos acostumbrados a ir de paquete, piensa Julia.

 

Durante los primeros días, estuvimos en Bloomington, un pueblo que bien podría ser el escenario de “Gran Torino”; en cada porche podía haber estado Clint Eastwood bebiendo cerveza y empuñando un rifle.

Nos alojábamos en el que probablemente fuera el hotel más lujoso del condado y nos trataron a cuerpo de rey.

El primer día nos presentamos todos (éramos unos cincuenta) y empezamos a memorizar nombres, destinos universitarios y especialidades de cada uno: Harvard, Yale, MIT, Stanford, Berkeley, NYU, Columbia; Derecho, Arquitectura, Tecnología Musical, Ingeniería Aeronáutica, Periodismo, etc.

Después de algunas instrucciones prácticas acerca del funcionamiento de la beca y tras el reparto de los primeros de muchos y sustanciosos cheques, nos llevaron a una especie de club náutico que estaba junto a un lago de rubio apellido: Lake Monroe. Después de comer bien y demasiado, cogimos un par de barcos que nos llevaron lago adentro, donde nos dimos un baño. En pleno baño nos pilló una tormenta de verano que dejó un atardecer precioso.

Al día siguiente visitamos la Universidad de Indiana, socio de la Caixa en la gestión y ejecución de las becas. Entre otras cosas, tuvimos entre las manos el Oscar que ganó John Ford por “Las uvas de la ira”. Alguien nos hizo una foto que esperamos recuperar en breve. También estuvimos en el Museo de Arte de la ciudad. 

Comimos en un majestuoso salón de la Universidad. Al acabar, algunas “personalidades” nos dirigieron unas palabras. El Decano dijo que en ese mismo salón habían recibido a importantes personalidades, como el Presidente de Liberia. De hecho, se jactó de que éste señalara que el presupuesto de la Universidad de Indiana fuera mayor que el de su país (por alguna razón, le parecía un dato gracioso, y no triste). También habló el director de la Facultad de Comunicación, que había estado en el comité que nos entrevistó a los aspirantes a la beca. Dio una charla muy americana y muy emocionante. Pablo estuvo a punto de llorar. Luego, otro profesor nos hizo un test con una serie de datos curiosos sobre el país. Para que nos fuéramos ambientando, suponemos.

Por la noche, tuvo lugar el gran cenorrio de agasajo en el salón principal de la Universidad. Nos sentaron en distintas mesas según la especialidad de nuestros Masters (los de cine por un lado, los arquitectos por otro, los abogados juntos, etc) y junto a miembros del profesorado de nuestras mismas disciplinas. A destacar, una gran tarta con el logo de La Caixa, pianista en directo y grandes ventanales góticos. Ya os hacéis una idea.

 

Al día siguiente, nos llevaron a Bradford Woods, una especie de campamento en el bosque. Allí nos dividieron en grupos de diez y estuvimos haciendo “team-building activities”, esto es, desempeñando tareas en equipo y salvando retos varios en medio de la naturaleza. Por ejemplo, una de ellas consistía en fabricar una balsa. Nos llevaron en lancha hacia la orilla de un lago y nos dijeron que teníamos una hora para convertir cuatro bidones, unas cuantas tablas de madera y unas cuerdas en una embarcación que nos sirviera para volver a remo a la orilla de la que habíamos partido. Evidentemente, era una competición contra otro equipo que estaba trabajando en otra orilla. Tanto el equipo de Julia como el de Pablo (distintos, pero ambos trufados de ingenieros y arquitectos) naufragaron estrepitosamente, aunque lograron fletar sendos prototipos de balsa y avanzar unos apoteósicos metros durante los cuales cantaban victoria sobre el equipo que luego acabaría venciendo.

En general, el día fue muy divertido y sirvió para reforzar los lazos de complicidad entre el grupo. Como único pero, no obstante: resultaba algo ridículo que los monitores del campamento pretendieran sacar grandes lecciones vitales de cada pequeña actividad:

MONITORA ENTUSIASTA: Y bien, ¿qué habéis aprendido tras este ejercicio?

NOSOTROS: ¿A lanzar la pelota entre nosotros?

MONITORA: ¿Y qué más?

NOSOTROS: Que tenemos menos coordinación que Paquirrín.

MONITORA FRUSTRADA: Pero ¿Qué habéis aprendido de la vida?

(silencio incómodo)

¿No os habéis dado cuenta de que la perseverancia es la clave del éxito?

En fin, pronto le pillamos el truco y les decíamos lo que querían oír mientras pensábamos en qué emoción nos depararía la siguiente actividad. Podéis ver algunas fotos divertidas en Facebook. 

 

El jueves por la mañana, ya convertidos en un compacto grupo, nos subimos al autobús rumbo a Chicago. Lo más memorable de aquel día sucedió por la noche: en un bar de auténticos carrozas americanos en el que una banda tocaba música en directo, un chico de nuestro grupo se atrevió a coger el micrófono. Cantó "Bohemian Rhapsody" como el mismísimo Freddie Mercury, para éxtasis de todos nosotros y gran sorpresa de los escépticos oriundos, que al principio nos miraban con el ceño fruncido, como si hubiéramos venido a arrebatarles sus puestos de trabajo y, lo que es peor, a invadir  sus lugares de ocio. Podéis ver el vídeo de semejante hazaña en Facebook. Para los muy frikis, recomiendo buscar "screaming lessons" en Youtube para conocer al personaje. 

El viernes, paseo matutino en barco por el río, viendo los magníficos rascacielos de Chicago. Impresionante ciudad de la que quedamos enamorados: es como Nueva York, pero en limpia y recogida. También, obviamente, en menos emocionante.

Tras el paseo, subida a la Sears tower (hoy ya no se llama así porque la ha comprado otra empresa, pero no usamos el nuevo nombre porque hay cosas que no se compran). Tras tres horas de cola, accedimos al último piso y a los originales miradores que han creado arriba:

Los que sabéis el vértigo que tiene Pablo ya podéis imaginaros cómo nos reímos con su acceso al suelo de vidrio.

Cenamos en una bonita marisquería junto al lago. Durante el postre, se arrancaron algunos discursos en los que cristalizó el cariño que se había forjado durante la semana. Un chico dijo que tenía entradas para un concierto de AC/DC, su grupo favorito, esa noche en Chicago, pero que había preferido quedarse con nosotros porque "rockeábamos" más. Luego, nos pidió que le firmáramos la entrada que había optado por no usar, a lo que accedimos entre vítores. Paul Fogleman, coordinador de la beca y artífice de esta semana tan bien organizada, dio un "speech" en su gracioso castellano. Y dos de los becarios con mayor don de palabra se arrancaron en nombre de todos para darle las gracias a él y “a todos los que alguna vez, para comprar una lavadora, un microondas, un viaje a Las Canarias o un NISSAN Almera, han tirado de un crédito de La Caixa. Brindemos por ellos.”.

Después de eso, lo más memorable de la noche fue que aún no sabemos bien cómo pero por iniciativa propia (aunque grupal) acabamos metidos en varias limusinas (claro, todos en una no cabíamos) haciendo el hortera de bolera.

 

El sábado por la mañana nos despedimos de Paul Fogleman en una especie de abrazo colectivo y quedamos desamparados y sin pastor, pero desde luego no sin rumbo. Durante el día, estuvimos visitando la ciudad por nuestra cuenta. Por la noche, cenamos todos juntos en una de las pizzerías más famosas de la ciudad. Ahí fue donde descubrimos que las pizzas de Chicago son una especie de híbrido entre una pizza y una quiche: riquísimas bombas calóricas.

Esa noche, gran fiesta. Uno de los chicos del grupo había estado un año y medio viviendo en Chicago y llamó a unos colegas que nos dejaron su “blue house”, una casa azul en uno de los barrios de marcha de la ciudad, donde celebramos el final de la semana y la despedida.


El domingo fue un goteo de salidas hacia el aeropuerto; cada uno íbamos (o volvíamos) a nuestros respectivos destinos. Ahora estamos desperdigados por el país, pero unidos por facebook y el recuerdo de esa semana.

Nosotros aterrizamos en el JFK el domingo por la noche, con muchas horas de retraso y de milagro agarrados a nuestras maletas, dispuestos a reemprender la búsqueda de piso y a seguir adelante con las gestiones que habíamos dejado a medias.

 

1 comentario:

  1. muy bien muy bien, seguid contando aventuras. queremos más fotos!!

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