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Semana 1 – Los brokers de pisos quedan estupefactos ante nuestras exigencias

En contra de lo que pudiera parecer, buscar piso en NYC no es tan difícil si dispones de un poco de tiempo y algo de picardía (como diría la Cosmopolitan). En nuestro caso, lo del tiempo lo llevábamos muy bien; lo de la picardía… bueno, lo fuimos aprendiendo poco a poco. Al principio todo nos resultaba extraño porque hay un sinfín de conceptos por aprender: pronto nos dimos cuenta de que no se trataba simplemente de que eligiéramos un apartamento, sino de que el apartamento también nos eligiera a nosotros. Para conseguir un alquiler no es suficiente con tener dinero, ni con pagar el alquiler y todos los depósitos y garantías habidos y por haber, sino que también hay que tener un historial de crédito inmaculado en el país. Y nosotros, obviamente, de eso nada.

On the good side: the recession. Las cosas aquí ya no son lo que eran. Aunque se nota que los brokers y los propietarios están acostumbrados a salirse con la suya y a abusar de un cliente que se encontra(ba) atrapado en un mercado con la demanda saturada, la crisis ha introducido ciertas dosis de sensatez. Los pisos están vacíos durante mucho más tiempo y esto hace que la gente tarde más en decidirse. Con ello, los propietarios se ponen nerviosos y rebajan los precios y mejoran las condiciones para ocupar los pisos cuanto antes. A nosotros nos han llegado a bajar de 2900 a 2500 dólares en una primera conversación telefónica con el propietario y sin haber visto aún el piso. Además, el hecho de que queramos alquilar por un año es otro punto a nuestro favor, pues en Manhattan mucha gente alquila sólo durante unos cuantos meses.

Aunque empezamos buscando por toda la ciudad, poco a poco nos hemos ido decantando por las zonas que más nos gustan: el East Village, el SoHo, Chelsea y Gramercy. No están mal algunas calles de Midtown, pero es importante hacer un Google Earth antes de ir, porque puedes encontrarte con auténticos estercoleros. La mayor parte de pisos vacantes están en East Village, así que es probable que acabemos ahí.

Por supuesto, no basta con que nos guste el piso, ni la calle, ni el barrio, ni la propia entrada; también tiene que gustarnos su dueño. En estos días hemos visto gente rara, rara, rara. Procuramos huir de ellos, por estupendos y baratos que sean sus pisos.

Los candidatos más firmes por ahora son:

  • un loft maravilloso en East Village, súper luminoso (cinco ventanas y dos claraboyas) y vecino de Plan B. Su problema principal es que la cocina es poca cosa.
  • un apartamento chiquitín pero mono también en East Village. Con salida a la azotea. Su problema principial es que es pequeño (no hay mucho sitio para instalar una mini estación de trabajo en casa, por mínima que sea) y que el dormitorio es de lo menos que se despacha en dormitorios. Además, parece genial para el verano pero muy frío en invierno.
  • un apartamento enorme y decorado con gusto, con una cocina amplísima, un salón con ventanal súper acogedor y una habitación grande y comodísima. Su principal problema es que está en un bloque feo y en reformas en una zona bastante feota (al lado del edificio de Naciones Unidas). Ah, y que el piso costaba un plus de 400 dólares al mes porque la propietaria nos imponía a su chica de la limpieza.

En fin, que esto de buscar vivienda es un auténtico puzzle en el que hay que encajar muchísimas piezas. Pero perseveramos y, de momento, somos optimistas con respecto a nuestras posibilidades.

Tenemos un teléfono de prepago que compramos para salir del paso, pero cuando seamos residentes con casa propia tendremos que hacernos algún contrato. Aquí pagas por emitir y también por recibir llamadas, así como por enviar y recibir SMS. Resulta muy antipático, pero es cuestión de acostumbrarse. El resumen es que gastar menos de 40 dólares al mes es muy difícil (se diría imposible), pero por esa tarifa u otras ligeramente superiores puedes tener casi todos los servicios habidos y por haber. En general, en este país es barato consumir mucho; y caro, consumir poco. It's expensive not to spend that much!

Abrimos una cuenta de banco en Citibank, que ha sido una de las gestiones menos problemáticas hasta la fecha. Lo malo es que traerse el dinero desde España es caro y lento.

Julia tuvo una entrevista en Pressman, una productora independiente muy chula, y en principio empezará unas prácticas allí en septiembre.

Los Hausman nos tratan estupendísimamente. A nuestra llegada, nos recibieron con una barbacoa en su maravilloso patio trasero. Nos alojamos en la habitación de Richard, el pequeño de los tres hijos, en la que el chaval atesora sus colecciones de minerales y piedras metamórficas, así como una ristra interminable de trofeos de todo tipo y diplomas diversos. Desde hace unos meses, la familia tiene dos “bearded dragons”, que no sabemos cómo se llaman en castellano. Para que os hagáis una idea: son reptiles y tienen pinta de lagartos bien alimentados. Viven en una ducha que nadie utiliza porque al padre le pareció un disparate gastarse 400 dólares en un terrario. Son dos hembras y han sido bautizadas con los nombres de la hermana y la madre de Michael. Son tan pasivos que es sorprendente que otros de su especie puedan sobrevivir en la naturaleza. Comen judías verdes y gusanos vivos y, cuando los Hausman estuvieron de vacaciones en Vermont, quedamos encargados de alimentarlos:

  • Coger frasco con gusanos vivos. Ojo: no son lombrices finitas, sino gusanotes de grueso diámetro.
  • Abrir la maloliente ducha. Empezar a respirar por la boca.
  • Coger los gusanos. A poder ser, usando las pinzas habilitadas a tal efecto. Cuando el gusano se siente atrapado, se revuelve y es posible que se libere del yugo de la pinza. Hay que lucharlo. Y, si se escapa, repetir la operación.  
  • Lanzar el gusano contra el suelo procurando que haga ruido al caer para que las dragonas se percaten de su presencia (ya hemos dicho que no son muy avispadas).
  • Asegurarse de que se lo comen. Éste es el paso más frustrante; el gusano puede pasear sobre el cuerpo de su depredador sin que éste haga amago de tomar medidas. Hay una de las dos dragonas que es más avispada que la otra, por lo que hay que procurar repartir la comida equitativamente.
  • Repetir la operación hasta que las dragonas dejen de comer. Por cierto que los gusanos –que son mucho más listos que las dragonas-, obedeciendo a aquello de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”, se hunden en el serrín del frasco cuando ven de qué va el asunto, por lo que coger los gusanos sucesivos es un reto creciente.
Por lo visto, las dragonas han sobrevivido. Aunque no lo creáis, Pablo las alimentó muy diligentemente. Aunque luego tuvo ganas de vomitar durante un rato.

Por otra parte, como la cocina de los Hausman está en la planta baja (que da a un patio trasero muy chulo), no es raro cruzarse con alguna que otra alimaña (ratones o cucarachas). Como veis, la casa es un ecosistema en precario equilibrio, pero equilibrio al fin y al cabo.

Estar a miles de kilómetros de casa no te exime de hacer vida social; al fin y al cabo, Nueva York está a un tiro de piedra y es un destino común y popular. Sólo en nuestra primera semana, tuvimos tres citas. Todo ayuda a que no nos sintamos solos ni perdidos. 

1 comentario:

  1. Chicos, qué sorpresa veros por allí? Os habéis trasladado de forma definitiva o se trata más bien de un periodo sabático?
    Os iré siguiendo a través de vuestro blog. Muy divertido btw.
    Muchos besos y have fun!

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