El corto de los patatuses

Pablo está terminando de montar su corto “Department of Homeland inSecurity”, del que Julia es la muy orgullosa guionista. El rodaje fue muy, muy accidentado. El primer día, sin ir más lejos, no pudieron rodar. Una vez que habían aparcado la furgo, bajado el equipo, definido el plano, plantado la cámara, ensayado con los actores y se disponían a decir “¡Acción!”, salió un segurata del edificio en cuya entrada pretendían rodar para decir que allí estaba prohibido grabar imágenes. La productora no había hecho las gestiones que tenía que haber hecho y en aquel momento no estaba allí, así que, ante las protestas del segurata, las miradas de los doce miembros del equipo se clavaron en Pablo. Tuvo que dar la cara, intentar negociar y, cuando vio que ni el segurata ni su jefe se apeaban de la burra, buscar una localización alternativa por la zona. A pesar de los esfuerzos, no hubo tu tía, por lo que ése fue un día perdido: perdido el tiempo, perdido el dinero que había costado alquilar la furgoneta y el material y, sobre todo, perdida la confianza del actor principal que, si ya era reticente a trabajar gratis y con estudiantes, imaginaros su disponibilidad a confiar en su director después de semejante numerito. A base de trabajo y talento, Pablo se lo volvió a ganar y, al final, hasta le ha dado una lección de profesionalidad. El segundo día de rodaje, que era en un cementerio que está una hora al norte de la ciudad, la conductora de la furgoneta se durmió y el rodaje empezó mucho más tarde de lo previsto. Aun así, haciendo de la necesidad virtud, pudieron rodarlo todo.
Pero no terminaron ahí las adversidades.

Cuando, ya cerrado el rodaje, Pablo se sentó a examinar el material que había grabado, descubrió con espanto que había varios planos desenfocados. No había posibilidad de volver a rodar, entre otras cosas porque el actor principal había tenido que someterse a un cambio de look radical que daría al traste con el raccord (la continuidad de acción, espacios y apariencia que se necesita para que dos planos rodados en momentos distintos puedan parecer sucesivos una vez montados).
Como conocéis a Pablo, podéis imaginaros el patatús que se llevó. Tras no pocas expresiones de incredulidad y desánimo, amenazas de asesinato e intensas sesiones de lamentación, no le quedó más remedio que ponerse frente al mac para montar mientras entre dientes repetía que estaba seguro de que los cortos de sus compañeros iban a ser obras maestras.

Por fin llegó el día en que había que presentar un esbozo del montaje en clase. Y resultó que el de Pablo no sólo era el más acabado, sino también el que contaba mejor su historia. Sus compañeros le alabaron y le dijeron que les había conmovido. Y eso es algo difícil de conseguir, más todavía si uno tiene que hacerlo con planos desenfocados. Ha trabajado mucho, mucho, mucho y se lo merece.

A estas alturas, el director de foto (un italiano muy apañao) ya ha hecho la corrección de color. La banda sonora la compondrá un becario de La Caixa –o “cajero”, como dice nuestra amiga Marta, también cajera- que está haciendo un Master en composición de música para cine. Esperamos poder colgar “Department of Homeland inSecurity” en Youtube a principios de marzo e incluso no descartamos enviarlo a algún que otro concurso, aunque eso lo someteremos a votación entre vosotros cuando podáis verlo.

Entre sobresalto y sobresalto, Pablo ha empezado el segundo semestre. Superado el primer cuarto del Master, son muchos los alumnos que han abandonado el barco: eran 12 y sólo quedan 7. El programa exige una dedicación física, mental, emocional y económica que no todos pueden aguantar. Lo bueno es que ahora el listón sube y las clases son cada vez más profesionales. Hasta abril, las sesiones se dedicarán básicamente a preparar el rodaje del corto de final de año, que será el primer proyecto grande y se rodará en mayo o junio. Se avecinan nuevas emociones.

Ya (casi) somos ese matrimonio de becarios que siempre quisimos ser

Julia fue preseleccionada otra vez para otra beca Fulbright. Tuvo la entrevista el 8 de enero en Madrid y el asunto fue como la paradoja del Gruyère:
- A más queso, más agujeros
- A más agujeros, menos queso
- Por tanto, a más queso, menos queso
Pues eso: esta vez, la entrevista le fue mucho peor. Y, caprichos de la lógica, peor fue mejor.
Cogió el vuelo de vuelta a casa el mismo viernes después de la entrevista y a las siete de la tarde (hora neoyorkina) ya estaba en JFK haciendo la cola de inmigración. En ésas que enciendo su iphone y allí encuentra un mail que empieza con “Congratulations!” en vez de con el tan temido “Lamentamos comunicarle que…”
El mail estaba tan lleno de información que resultaba muy poco informativo (otra paradoja): daba tantos detalles, exigía tantos deberes e imponía tantas condiciones que, al terminar de leerlo, Julia no sabía si le habían dado una beca o un mazazo.
Pero claro, ésas ya no eran horas de llamar a España, por lo que el fin de semana lo pasamos en incertidumbre. Sin embargo, el lunes confirmamos que, efectivamente, Julia ya es becaria Fulbright. Esto significa que le pagarán una generosa asignación mensual, una parte de la matrícula y otros gastos de viajes, seguro y visado mientras dure el Master. Y, por tanto, esto será así SI Y SÓLO SI consigue entrar en uno de los Masters. Como es lógico:
Beca Fulbright <---> Master

Las ansiadas respuestas de las universidades llegarán entre mediados de febrero y mediados de abril. Muy cierto es que el que espera desespera así que a Julia le da un vuelco el corazón cada vez que suena el móvil o entra un mail con publicidad de alguna Universidad. Por suerte, su móvil no es que suene mucho, que digamos.
Tampoco se trata de entrar en demasiado detalle pero, para que os hagáis una idea, estamos esperando el veredicto de seis programas distintos y las posibles respuestas son:
  • Oye, que queremos entrevistarte. Sí, porque parece que tienes buena pinta pero no hemos tenido bastante con el mamotreto que nos has enviado, queremos verte la cara mientras dices lo que has escrito aquí.
  • De momento, hemos decidido no entrevistarte, pero te hemos puesto en nuestra lista de espera así que, si nos falla alguien, te daremos la oportunidad de coger su plaza.
  • Gracias, bonita, pero por aquí no queremos ni verte el pelo.

Que te llamen para la entrevista es muy buena señal, claro. Después de eso, tardan pocos días en notificarte si te han aceptado o no. Si es que sí, tienes un tiempo para decidir si tú les aceptas a ellos o no; no olvidemos que éste, como cualquier proceso de seducción, requiere que la atracción sea mutua: el estudiante tiene que gustarle a la universidad pero también ésta tiene que gustarle al estudiante (sin embargo, como siempre, son “ellas” quienes tienen la sartén por el mango).
Hay una cuarta opción, que sería:

  • Mira, somos tan chulos que ni siquiera te vamos a contestar.

Esto viene siendo un no, sólo que más desagradable. Se ve que hay algunas universidades que no envían cartas de rechazo; si no te admiten, nunca más vuelves a saber de ellos y sanseacabó. Pero son las menos; en general, el trato con el solicitante es exquisito.

Así que a esperar…

Haití

No sabemos si en España está habiendo tanta presión como aquí, donde es prácticamente imposible no haber hecho una donación y dormir tranquilo: vas al súper, y te preguntan si quieres contribuir; ves los Globos de Oro y Meryl Streep te recuerda que ha habido un terremoto y miles de muertos; vas a clase de francés y te dan un número de cuenta; pones la tele y George Clooney organiza una telemaratón para recolectar dinero; abres Hotmail y tienes un mail de casi todas las listas de distribución a las que estás suscrito.
Sandra Bullock ha donado un millón de dólares. Cuando se lo señalaron, se encogió de hombros y dijo "I can".
Julia ha donado una modestísima cantidad al haitiano con el que nos puso en contacto la Alliance Française. La escuela lo conoce de primera mano y saben que está organizando ayuda humanitaria en una de las ciudades afectadas. Lo importante no es la cantidad sino dar ahora y a una fuente lo más directa posible.
La verdad es que este país tiene muchos defechos pero, en este tipo de iniciativas, se vuelcan de forma espectacular. Para ellos, donar es una cuestión de orgullo nacional.
Esperamos que podáis hacer llegar vuestro granito de arena.

Feliz 2010

Las Navidades han sido un visto y no visto. Aquí no se celebran los Reyes Magos, por lo que las vacaciones de Navidad terminan el día uno de enero, año nuevo, vida nieva. Sí, nieva. En vez de llover, desde mediados de diciembre, nieva. Menos nueve grados no son nada si uno se ha pertrechado con los bienes necesarios, léase:

- gorro de lana (forrado-pordios, que, si no, pica) y/u lindas orejeras

- bufanda o similar para poner la cara al abrigo del viento cruel

- camisetas interiores térmicas

- leopardos térmicos también

- calcetines de lana (fundamental lección)

- calzado impermeable y calentito

- y abrigo ajeno al agua y a las malévolas corrientes de aire

Ayudan jerséis de lana (ideales, si son tejidos por la Abuela) y otras capas menores; el concepto “capas” es otra clave. Otro “must”: deshacerse de los vaqueros, tejanos o como guste uno llamarlos; no son sino viles transmisores del frío cuando éste llega. Así que, sí, amigos: bendita la pana fea.

Pablo y Julia salieron raudos y veloces en plena tormenta de nieve a hacer acopio de tan preciados bienes, por lo que no temáis cuando Piqueras os alarme sobre el frío neoyorkino; estamos al abrigo del invierno.

Gloria y Hugo vinieron a visitarnos cargados de buenos vinos y de ropa de abrigo. Mas ¡Ay, qué lástima; Iberia perdió sus maletas! En España sopla un poco de viento y en Barajas cunde el caos. Las recuperaron al cabo de varios días, lo que supuso los trastornos que podéis suponer. Sin embargo, se comportaron los dos como auténticos campeones viajeros. Especialmente, Gloria, que no dejó que el frío amilanara sus ansias de pasear con estilo por las calles de Manhattan.

Fuimos a ver “Electra”, ópera de Richard Strauss. Cuando llegó Hugo, terminaron tan mundanas ocupaciones y pasamos a otras más elevadas, tales como ir a musicales de Broadway (el clásico –y decepcionante- “Hair” y el grandísimo “Fela”), cenar en Nobu (Gloria, ya entrado el segundo plato: “¡Ahhhh, esto es un japonés!”), comer en el Modern y otras exquisiteces.

En Nochebuena, Gloria cocinó un espectacular roast-beef que compramos en Whole Foods, nuestro supermercado de confianza. Abrimos regalos y nos conectamos por Skype con Córdoba y, más tarde, brevemente y con poca fortuna comunicativa, con el Principal de Barcelona, donde los Fontana estaban celebrando la noche (buena). A Julia, Papá Noel le ha traído un Nook, el e-book de Barnes & Noble (la tienda de libros más famosa de EE.UU., quizá la única). A Pablo, pertrechos para hacer cócteles caseros, que buena falta nos hacían.

El día de Navidad, patinamos como cuatro campeones al aire libre en Central Park y asistimos en la pista de hielo a un espectáculo genuinamente americano: de pronto, para la música y por megafonía nos piden respetuoso silencio; todos detenemos nuestros gráciles movimientos; y en eso que, en el centro de la pista, un chico se arrodilla frente a su chica y saca de su bolsillo un refulgente anillo; Julia que corre chillando cual americana enloquecida hacia el centro de la pista para aplaudir al valiente muchacho; Gloria y Hugo que la miran anonadados como si su propia hija/hermana formara parte del esperpéntico espectáculo; la siguen, y así fue cómo Hugo se atrevió a separarse de la barandilla y empezar a patinar de veras. Después de tan sonada hazaña, comimos en un italiano delicioso.

El resto de días transcurrieron entre paseos por la ciudad (incluida la obligada visita a Brooklyn Heights), alguna que otra compra y, sobre todo, comidas copiosas. En Nochevieja, Gloria se embarcó para las lejanas tierras españolas y Hugo, Julia y Pablo cocinaron steak tartare y una ensalada tibia muy rica. Cenamos en casa, vimos el espectáculo de Times Square por la tele y calentitos, comimos las uvas (Pablo, no, que se atraganta), constatamos que las campanadas españolas duran más de un segundo cada una, ingerimos unas home-made margaritas y salimos a ver el ambiente. En la calle, a la una de la madrugada, ya reinaba un ambiente de lo más festivo y de lo más alcohólico. Al cruzarnos con la gente, todos chillábamos “Happy New Year!”: ellos, borrachos; nosotros, haciéndolo ver. En NoLiTa (barrio al norte de Little Italy), intentamos entrar en una coctelería muy “in” pero ¡ay! Pablo se había dejado su DNI en casa y, en estas puritanas tierras, sin identificación, no hay entrada que valga, por mucho que un aparente veintilargos, así que seguimos deambulando por las calles de SoHo. Entramos en un bar en el que nos sirvieron cócteles de sake y, al salir, volvimos a intentar la entrada en la coctelería. Esta vez, Hugo le dejó un carnet a Pablo y, no sin falta de picardía, conseguimos entrar los tres. Allí estuvimos bailando Lady Gaga, Bamboleiro y otras horteradas a ritmo de gintonic hasta que nos echaron (porque el local cerraba, no os vayáis a pensar que la liamos parda). A las cinco estábamos en la cama.

Hugo se fue el día 3, en vísperas del cumple de Julia. Nos despidió con una cena en un japonés en el que probamos el mejor sushi que hemos comido en la vida. Al llegar a casa, Julia descubrió que había perdido su cartera. Pasó la noche medio en vela, soñando que la recuperaba y que la volvía a perder. Al día siguiente, partió rauda para el teatro de Broadway en el que habíamos estado la noche anterior y ahí que la recuperó.

Hugo marchó y Julia y Pablo volvieron a su rutina. A saber: Pablo cerró la preproducción de su corto y Julia empezó a hacer maletas para el viaje a Madriz para su segunda entrevista con el comité de la Fulbright. Más noticias en próximos episodios.

Ojalá todo funcionara tan bien como el Departamento de Atención al Cliente de Thermomix

A nuestra amiga Isa la han llamado de Gas Natural para hacer la revisión de la instalación de un piso del que fue inquilina años ha. Isa les ha contestado “Es que ya no vivo allí”. Y la señorita ha preguntado: “¿Que ya no vive, o que ya no vive allí?” Evidentemente, Isa no ha sabido qué contestar. Se nos ocurre que podría haber dicho: “Que ya no vivo, pero es que justamente me ha pillado Usted saliendo de ultratumba para hacer unos recados. Es que en ultratumba el comercio cierra por la tarde, ¿sabe?”.

En cambio, ayer domingo escribimos un mail a Thermomix para que nos indicaran qué transformador necesitábamos para el aparato. Ya lo teníamos medio investigado pero queríamos asegurarnos. Esta mañana nos han contestado con un e-mail detalladísimo a la par que claro, y eso que éstos son dos atributos que no suelen ir juntos. Pues bien, en el documento no sólo se indicaba qué tipo de transformador necesitábamos (voltaje, potencia y frecuencia), sino que también se hacía una descripción que no tiene desperdicio de cómo era ese transformador. Atención:

Por este motivo, este transformador es un aparato: relativamente grande (como la mitad de una caja de zapatos), relativamente pesado (2-3 kilos), y relativamente caro (35.000 - 40.000 ptas).

Nos ha parecido magistral. Primero, lo de usar el término “aparato” para referirse al transformador (aquí se diría que los redactores se han moderado, habiendo estado tentados de escribir “trasto”). Segundo, lo de insistir en el “relativamente” para a continuación pasar a detallar exactamente cuánto. Tercero, lo de usar una caja de zapatos como unidad de medida de volumen. Diga que sí, señora, que con los centímetro cúbicos no hay quien se aclare. Y, por último, lo de remontarse a las pesetas, que deja clarísimo cuál es el público objetivo de la Thermomix: esa parte de la población que aún cuenta en pesetas. Evidentemente, nosotros hemos tenido que hacer la conversión a euros (¿Cuánto era un euro en pesetas, Pablo? Ni idea, trabajemos con la regla de que mil pelas son seis euros.) y luego a dólares. Cuánta sabiduría de andar por casa cabe en tres líneas, ohmygot.

El retonno

Bueno, pues Julia ya está de vuelta en NY. Como sabéis la mayoría, la entrevista para la beca le fue requetebien. Salió más contenta que unas pascuas. Sin embargo, no le han dado la beca. Se lo dijeron el día antes de subirse al avión de vuelta. No hay buen momento para recibir una mala noticia pero si hubiera un ranking de momentos malos para recibir malas noticias, es probable que en el top 5 estuviera el día antes de emprender un viaje de vuelta y de celebrar alegres despedidas con amigos y familiares. No es éste el lugar para ventilar según qué detalles escabrosos pero digamos que está muy orgullosa de haber quedado entre los 17 preseleccionados (de 116, no está mal) y que este batacazo no cambia en nada sus planes de cursar un Master el año que viene. Lo hará más difícil porque ir con el respaldo de una beca Fulbright siempre facilita la entrada pero qué sería de esta vida si todo fuera fácil. Por otra parte, aún le queda la esperanza de la Fulbright del Ministerio de Educación, que no es moco de pavo.

Lo peor del proceso de solicitud de acceso a los Masters ya ha pasado; ha enviado la documentación para cuatro de las seis instituciones que está barajando como opción, por lo que ahora su principal tarea es esperar a que las universidades den respuesta allá por el cercano mes de febrero. Nervios, nervios, muchos nervios. Os mantendremos informados.

Por lo demás, sus prácticas en Pressman, por las que muchos habéis preguntado, siguen sin novedad de ninguna clase: va dos días por semana a hacer informes de guión y otras menudencias, está contenta porque sabe que la valoran pero sigue sin ver que esa experiencia vaya a dar muchos más frutos de los que ya ha dado.

Le ha salido algún que otro trabajillo como editora de guión y sigue con sus ocupaciones habituales, léase leer para Filmax, conocer guionistas, productores y directores, escribir guiones para Pablo y pensar en proyectos de películas, series o lo que se tercie.

También está en vías de inscribirse en un curso de francés avanzado en la Alliance Française, más que nada para que eso que pone en su CV de que habla y escribe perfecto francés se parezca en todo lo posible a la verdad.

Veremos si este trimestre se matricula en alguna asignatura en NYU. Tampoco se trata de hacer demasiadas cosas y no dedicarle a ninguna el tiempo suficiente.

Pablo está absorto preparando dossieres y preproduciendo su corto de final de semestre, que rodará a principios de enero con toda la pompa que seamos capaces de reunir. Se titula “Department of Homeland inSecurity” y estamos muy ilusionados con el proyecto.

Las Navidades se nos han presentado muy precipitadamente. Julia se maravillaba en Barcelona de sus amigas que ya tenían la Nancy Pony, el carrito de bebé y las colonias de la abuela compradas y empaquetadas. El año pasado por estas fechas, cursilitas (la habitación de invitados que teníamos en el piso de Laietana) estaba a reventar de paquetes envueltos con suntuosos lazos y todo el que venía a tomar café se sorprendía de descubrir por fin, tan entrados ya en años, el almacén de Papá Noel. Este año, en cambio, nos ha pillado el toro bravo.

El viaje de Julia a España ha dado varios frutos. Entre otros, ahora tenemos nuestra hermosa Thermomix alojada en la cocina. Ahora sólo nos falta el transformador porque sin él no podemos usarla. El aparato fue facturado y llegó impecablemente hasta la cinta transportadora de maletas de JFK. Julia lo recogió junto a su pesadísima maleta y se encaminó hacia la aduana. Tan aparatoso era el paquete que los funcionarios me apartaron para llevar a cabo una de sus temidas inspecciones (sí cambio a primera persona).

- Señora, ¿Eso qué es... eso?

- Esto… eeeeeeh una Thermomix.

Caras de mí-no-comprrrrende. Uf, ¿cómo les explico yo lo que es una Thermomix?

- It’s an electrical appliance, a food processor.

Ay. Fue oír la palabra “food” y saltaron todas las alarmas. Un funcionario me apartó y puso mis cuatro maletas sobre la mesa: maleta, que subió incrédulo de que un bulto tan pequeño pudiera pesar tanto, Thermomix, bolsa de mano y bolso. Se puso los guantes y, antes de abrir ninguna cremallera, preguntó:

- ¿Trae algo de comida?

Aquí lo fundamental era no mentir, está claro. Yo no llevaba nada de comida pero en el momento en que te clavan la mirada preguntándote eso empiezas a tener dudas de si tus calcetines podrán considerarse comida. Aún así:

- Nada de comida.- Y, por si hubiera alguna diferencia entre lo que ese señor y yo definíamos como comida, añadí: - Lo único que puede ser ingerido y digerido de todo mi equipaje son tres botellas de vino.

Eran un tinto, un blanco y un Pedro Jiménez, pero no me pareció recomendable entrar en distinciones de uva.

- Pues a ver si es verdad.

El funcionario abrió las maletas y allí que descubrió el tabaco.

- ¿Esto es todo lo que trae de tabaco?

- Bueno, y otro cartón en el bolso.

- Fine, this is not a problem.

Vio los vinos, que no le llamaron la atención en absoluto (y eso que uno de ellos era un Protos Gran Reserva) y a continuación arremetió con la Thermomix, que era su verdadera preocupación.

- ¿Entonces esto qué dice Ud. que es? ¿Una comida de qué?

- No, comida de nada, es un procesador de comida, sirve para cocinar.

- Ajá. Y ¿ha estado en contacto con comida últimamente?

Allí que veo peligrar mi Thermomix y digo con grandes aspavientos:

- Huy, qué va, hace como medio año que no la usamos.

- Bueno. ¿De dónde dices que vienes?

- De España.

- España, ¿eh? (aquí una pausa para situar España en su mapamundi mental).- Ahí tuvisteis vacas locas, ¿no?

- ¿Vacas locas?- Pienso “sí, yo conozco alguna” pero digo: - Ssssí… creo que sí hubo algo de eso, hace muuuuuchos años, como en toda Europa.

Y menciono algún país que me parezca que a ese funcionario pueda merecerle algún respeto, como por ejemplo Gran Bretaña. Así que digo lo de Gran Bretaña así con acento británico, no sé por qué; el tío sabía que yo era española y que no tenía nada que ver con Gran Bretaña pero lo dije como si fueran dos palabras mágicas. El hombre abrió la caja, vio mucho papel de burbujas (mi madre había embalado la Thermomix con destreza magistral) y volvió a cerrarla en vista de que allí no cabía ninguna vaca loca.

Gran alivio. Pablo estaba esperándome al otro lado de las puertas correderas y, ya en casa, me recibió una alegre pancarta de BIENVENIDA A CASA. Entre esto y lo bien que me habéis cuidado todos por allí, no puedo pedir más.

Un nuevo canal

Hace mucho tiempo que la gente me pregunta por mis cortos. Muchos, incluso, lo hacen con cierto retintín, como diciendo “¿acaso no estás ahí por eso? Que si no es así, deja de hacer el paripé y vente para acá que hay muchas cosas que hacer”. Pero es que hasta ahora, no había encontrado una manera de colgar los cortos de forma más o menos eficiente. Hoy en día, con tantos avances tecnológicos y tan poca barrera audiovisual, resulta realmente difícil averiguar cuál es la “ventana” idónea para mostrarte al mundo. Al mundo entero, me refiero.

Pero al final, después de mirar aquí y allá, resultó que la opción que más me ha convencido ha sido la de Youtube. Resulta que en dicho servidor existe la opción de crearte una página personal en la que puedes ir subiendo tantos videos como quieras. Esto lo tienen otras redes sociales como Facebook o Myspace. Sin embargo, en Youtube a esta página no le llaman página (ni “tus videos”, que es la opción vulgar por la que ha optado Facebook), sino que le llaman Canal. Y a mí eso me gustó mucho.

En Youtube ahora hay un nuevo canal, el Canal de Pablo Gomez Castro (¡toma ya!), y en él podréis ver los cortos que he hecho hasta el momento. No hace falta que me busquéis. Yo os doy la dirección enseguida. Sin embargo, antes de que os conectéis, y para que no os parezca muy decepcionante lo que vais a ver, creo que es importante que sepáis un par de cosas.

1. Ninguno de los cortos que he hecho hasta ahora es profesional. Son ejercicios. Esto os ahorrará alguna que otra decepción.
2. He colgado todos los ejercicios que he rodado hasta ahora (excepto el primero de todos, que sólo duraba 30 segundos y que estaba desenfocado). No lo he hecho por vanidad, sino porque mi madre me lo ha pedido.
3. Dado que he colgado todos los cortos rodados hasta ahora, creo que es bueno que os cuente un poco la evolución del curso:


Evolución del curso
Como ya sabéis, la NYFA se caracteriza por ser una escuela eminentemente práctica. Y esto se traduce en que casi cada fin de semana tocaba salir a rodar. Lo bueno es que no hemos salido a rodar así “al tún tún”, sino que cada vez había un objetivo determinado.

La primera semana nuestra tarea consistía en contar una historia de 30 segundos en un solo plano. No me extiendo más porque este corto no lo veréis. Como ya he comentado antes, está desenfocado y, total, sólo son 30 segundos.

La segunda semana se trababa de demostrar que sabíamos contar una historia en varios planos respetando la continuidad de acciones (ejemplo: si estoy en el sofá y me levanto, no vale que en un plano esté sentado y que en el siguiente ya esté de pié, sino que tengo que repetir la acción de levantarme en los dos casos y montar luego la imagen para que todo cuadre). Teníamos que rodarlo con unas cámaras de 16 mm. muy antiguas, creo que de la época de la II Guerra Mundial, y no podíamos usar sonido porque se suponía que teníamos que prestar mucha atención a la continuidad. A esta semana corresponde “Cleaning The House”.

La tercera semana nos retaron a trabajar con el sonido. Pero no podíamos usar sonido directo. Es decir, sólo podíamos usar canciones previamente grabadas. Por tanto, sólo había dos opciones: o hacer un videocliop, o hacer el retrato de una persona o situación. Al igual que en los dos casos anteriores, se tenía que grabar en cine con cámara de cuando la guerra. A esta semana corresponde “The Anniversary”.

La cuarta semana pudimos, por fin, pasarnos al digital. Nuestra tarea fue poner en práctica lo aprendido en las tres semanas anteriores, pero esta vez, contando una historia de verdad. El proyecto tenía que ser B/N y sólo podíamos usar sonido ambiente o banda sonora. A esta semana corresponde el corto “The Trip”. Por cierto, mi primer contacto con actores profesionales americanos.

Después de este corto hicimos un parón, tuvimos unos días de descanso y dimos por cerrada la primera parte del curso: la introducción al cine tal y como se hizo en su día, desde los inicios.
Semanas después llegó nuestro primer contacto con el color, el sonido sincronizado y la dirección de actores. Todo de una vez. El ejercicio resultante de esta fase es el titulado “Overwhelmed”.

Y hasta aquí, lo que he hecho hasta ahora. La semana que viene trabajaremos el punto de vista, que ya sabemos que no es lo mismo contar una historia en primera persona que en tercera. Pero, de momento, sólo tengo escrito el guión.

Ya estáis preparados para conectaros al canal. Sabed que, al igual que en otra red social, podéis dejar comentarios y evaluar mis cortos. No estáis obligados, pero las críticas son muy importantes. De verdad. De hecho, en la NYFA nos obligan a hacer proyecciones en público para que nos vayamos acostumbrando a que “el espectador siempre tiene la razón”. Aquí no vale eso de “yo, en realidad, quise contar una cosa que sólo yo entiendo”. Si nadie lo pilla es que lo has hecho mal. Y punto.

Espero que os haga ilusión:

www.youtube.com/user/pablogomezcastro